La hora de la IA ha llegado

Una mirada retrospectiva en la práctica de nuestro arte me lleva inevitablemente a tener que aceptar el inexorable paso del tiempo. Por razones fortuitas me ha tocado haber formado parte de los alumnos que iniciaron esta actividad hacia finales de los 60’s y haber sido parte también del grupo de Instructores occidentales pioneros en difundir la actividad en Argentina. Si bien han pasado cantidad de años, me parece que fuese ayer que dábamos batalla con las artes Japonesas (Yudo y Karate) para que aceptaran el ingreso de Taekwon-Do como un nuevo arte marcial que había desembarcado en 1967 en manos de emisarios del Gral. Choi para difundir su creación. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces y muchas han sido las experiencias adquiridas en ese andar. Todo nos era transmitido con la media lengua que hablaban los introductores de la actividad. No hubo información teórica hasta principios de los años 70’s con la llegada de una pequeña partida de libros de la insipiente ITF, pero como estaban escritos en Ingles, solo algunos podíamos leerlos. En general todos habíamos aceptado la idea de estar aprendiendo y enseñando Karate Coreano, que era la única forma de ser admitidos en la muy poco desarrollada plaza de las artes marciales de la época. El detalle técnico era utópico ya que las formas, si bien se trabajaban eran miradas de soslayo, con gran énfasis en lo relativo al uso de las técnicas por su aplicación práctica en la defensa personal. Como los primeros lugares de entrenamiento eran con piso de lona sobre un relleno de aserrín (“tatami”) porque allí se practicaba Yudo, se incluían en la instrucción los lances que rudimentariamente hacíamos.  Las competencias no existieron hasta 1975 que se logró armar el primer torneo nacional para cintos azul/rojo y Danes desarrollado en un solo cuadrilátero y con un éxito de público nunca imaginado, a punto tal, que mucha gente quedó fuera ya que las instalaciones del recinto estaban colmadas (el viejo estadio Obras hoy inexistente y reemplazado por una nueva construcción).

De aquel entonces al presente las diferencias demográficas y las habilidades con que fue evolucionando han sido tan grandes que solo quienes hemos estado en ambas épocas podemos comprenderlo.

Elementos tales como las protecciones, los uniformes (en los principios eran prácticamente karateguis o uniformes de karate). Los comienzos de los años 80’s trajo la formación de las primeras instituciones legalmente constituidas y sistemas pedagógicos más elaborados. El aluvión de escuelas a lo largo y ancho del país fue realmente llamativo, a punto tal que el crecimiento demográfico permitió que el arte fuese considerado como la mayor manifestación deportiva de esa década. Para poder ilustrar mejor la evolución de nuestra actividad hay que pensar que desde su introducción y hasta los años 90’s no existía la internet ni la telefonía celular. Para dar a conocer una organización se utilizaban métodos más rudimentarios que los actuales como ser los volantes, publicidades en las pocas revistas existentes que trataban este rubro y las demostraciones, hoy ya entradas en desuso.

Lo dicho es una apretada síntesis de lo ocurrido en los últimos 58 años de lo creado en 1955 por el Gral. Choi Hong Hi.

La historia de Argentina no es diferente de lo sucedido en el resto del mundo que paulatinamente se fue integrando al vertiginoso desarrollo de la federación internacional que regenteaba el arte marcial llamado Taekwon-Do hasta 1973. A partir de decisiones políticas difíciles de desentrañar aun hoy, se divide en esa fecha en dos entes de regulación. La última incorporación, con una nueva y muy diferente biomecánica de exclusivo carácter deportivo pero curiosamente también llamada Taekwondo.

Los esfuerzos realizados para dar a conocer el Arte siempre han estado en manos de personas que hemos hecho lo indecible para que se accediera a su práctica. Las demostraciones normalmente hechas sin el apoyo de una metodología, necesitaban de sus integrantes habilidades fundamentadas en la imaginación y el riesgo personal. Viejas filmaciones en películas de 24 mm o en fotografías en blanco y negro todavía dan cuenta de ello cuando suelen ser rescatadas de algún archivo o de la filmografía personal de algún viejo practicante. A la actual generación y después de saturarse del uso de la tecnología digital en computadoras personales (PC), telefonía celular moderna con fotos y filmografía incorporadas e imposibles de imaginar en aquel entonces, le resulta un tanto increíble la falta de esta metodología en aquellos tiempos, sin embargo así era. Hoy el ser humano en sus primeros años de vida maneja mejor estos elementos electrónicos que adultos profesionales que debieron aprender a hacerlo e incorporarlos en sus vidas de adultos como novedades del progreso.

Los comentarios aquí desarrollados muestran de manera apretada la evolución de la tecnología y la vida misma. Todo cambia, todo cambia, rezaba parte de la letra de una canción de la época.

Creo que parte del haber entrado en desuso las demostraciones del arte es que las habilidades manifestadas en tales circunstancias puedan ser recreadas por la inteligencia artificial.

Sin embargo es necesario entender que aun frente a este nuevo desafío y posible incredulidad, debemos tener presentes que no se puede dar clase a la inteligencia artificial pero si a los seres humanos que deseen sumarse. Que el arte se aprende con la práctica y la guía de un instructor calificado y no con la visualización de una pantalla. Que una información digital nunca podrá reemplazar a la guía de la persona que en cada sesión de entrenamiento ayuda a su alumno a evolucionar. Que si bien la IA puede sumar conceptos, no puede reemplazar al oponente en un combate ni al instructor. Gracias por su tiempo

SGM Ricardo Desimone

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